Si algún día estás forever alone, recuerda que yo estaré forever with you.

lunes, 13 de agosto de 2012

El miedo no sirve de excusa para el amor.

Que bonita historia. Preciosa. ¿Os la cuento? Pues verás, ella iba al instituto en bici y él en coche a su trabajo. Él estaba distraido poniendo la radio y ella estaba cruzando la calle cuando ¡Zas! accidente. No se habían echo ningún daño excepto la bici. Él tenía prisa pero la chica le obligó a llevarle al colegio pues tenía exámen a primera hora de filosofía. En el coche hablaron y hablaron. Eran muy distintos. Él era muy tranquilo, sin embargo ella era como una locomotora en marcha. Poco a poco se fueron conociendo. Quedaban a tomar algo y cada día pagaba uno. Poco a poco se fueron enamorando. Y ahora os preguntaréis, pero, ¿cuantos años tenía cada uno? si uno trabaja y la otra va al colegio...Pues sí, el chico tiene 28 y la chica tiene 17 para 18. Pues bien, él tenía miedo porque sabía que se estaba empezando a enamorar y quería parar porque sabía que el día que ella se cansase de él, le dejaría tirado, como una basura en medio de la calle que todavía no ha ido a parar al contenedor. Entonces sintió miedo, y quiso alejarse pero ella, tan enamorada, se lo impidió. Discutieron sobre ese tema. Pero esque el amor es difícil de vencer. Y acabó ganando. Volvieron a estar juntos y ese miedo que tenían se fue, se desvaneció, desapareció. Ella prometió que no se separaría de él nunca, y aquella promesa quedó cerrada después de un largo y tierno beso. El día del cumpleaños de la chica, que ya hacía 18 años, él la quiso dar una sorpresa. La llevó a su casa y la preparó la mejor noche de su vida. En la mesa, Champán y unos rollitos de primavera y a su lado una carta bien cerrada. En cuanto la vió, la abrió. Dentro un pequeño papel que ponía. "Bonjour a la Ciudad del Amour" se quedó boquiabierta no sabía que significaba eso pero se lo esperaba..¡DOS BILLETES A PARÍS! Y eran para ellos. Para los dos. Para aquellos jovenes tan enamorados.. Bien, al día siguiente se dispusieron a hacer las maletas y se fueron, en el viaje todo genial. Llegaron a la suite. Preciosa. Y aquella noche, fue única. La mejor. Inolvidable. Fue la primera noche. La primera vez que los dos se undian en la pasión. Se besaban, se querían y sabían que duraría. Fue pasando un año, dos, tres, cuatro. Ni la universidad, ni el poco tiempo que les quedaba para disfrutar, les impidió estar juntos. Asique, que decir, ¿Que fueron felices y que comieron perdices? Pues sí, pero felices los dos. Juntos.

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